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Noticia —  25 Junio 2013

Manos Mormonas que Ayudan a los envejecientes de Santiago

Santiago — 

Los envejecientes del Hospicio San Vicente de Paúl sintieron el gran amor emanado de los corazones de los hermanos y hermanas voluntarios del programa Manos Mormonas que Ayudan de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Santiago. La iniciativa consistió en una jornada de higienización personal y una limpieza profunda dentro del local que alberga decenas de ciudadanos de edad avanzada. 


“Gracias, gracias por darme este ejemplo de servicio, el que ustedes dan sirviendo como lo hacen”, manifestó emocionada Ana Elsa Rosario, enfermera de la sociedad San Vicente de Paúl, mientras agradecía a los hermanos y hermanas voluntarios por el trabajo realizado en favor de los ancianos del hospicio.

“Me siento muy bien al saber que aunque sea un trabajo he aprendido a ver el verdadero amor de Dios en ellos. He trabajado en varias clínicas y nunca me encariñé tanto como lo he hecho aquí. Ellos ya son como niños pequeños y necesitan de quienes les puedan ayudar”, agregó la enfermera Ana Elsa Rosario.

Por otra parte, sor Elvia, monja encargada del hogar de ancianos, expresó también su agradecimiento por el servicio brindado por los miembros de la Iglesia, especialmente por los jóvenes que sirven como voluntarios. 

“Siento mucho placer, mucha alegría y mucho amor… aunque yo sea mayor que muchos de los que están aquí, me siento muy agradecida de  servir a estos que son iguales a mí. No importa el credo, lo que importa es el amor de Nuestro Padre Celestial que entregó a su hijo Jesucristo a morir por nosotros. Ellos también son hijos de Dios, ¿por qué no entregarnos a ellos mediante el servicio?”, se preguntó sor Elvia mientras agradecía el gesto de los voluntarios mormones.

“Fue una mañana hermosa en la que pudimos compartir el verdadero amor con estos que ya no se valen por sus propias manos, los que una vez  fueron personas comúnes y corrientes y que ahora están como si fueran niños, deseosos de un abrazo y del cariño necesario” agregó.

Los hermanos y las hermanas voluntarios de Manos Mormonas que Ayudan afeitaron a los ancianos, les cortaron las uñas y el pelo e hicieron una limpieza profunda dentro del asilo, pero lo más especial de la jornada de servicio fueron las conversaciones con los envejecientes, honrando así el texto bíblico del Salmo 71, verso 9, que dice: “No me deseches en el tiempo de la vejez; no me desampares... a tu padre, que te engendró; y cuando tu madre envejezca, no la menosprecies.”


 

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