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Por una paternidad responsable en el Día de los Padres

Consideremos que "Padre" es uno de los calificativos con que nos referimos al Creador: Nuestro Padre Celestial.

Como parte de mis asignaciones por el Caribe, una vez sostuve una conversación con un líder de la Iglesia, quien al ser designado a trabajar en esta región del mundo, se reunió con algunos de los embajadores de las islas que la comprenden como una forma de aprender sobre sus necesidades y desafíos, así como para ponerse a sí mismo y a la Iglesia a la orden.

Entre las conversaciones salió a relucir un embajador que lamentó como en su país la mayoría de la gente había perdido su creencia en el concepto de familia y cómo, a consecuencia de ello, la sociedad en su país se desmembraba. Finalmente, pidió ayuda para promover en su país el concepto de la unión familiar.

Esta experiencia me resultó interesante, pero aún más interesante me pareció una de las razones que el diplomático expuso como parte de las causas del problema. Este explicó que en su país no existe una paternidad responsable por parte de la mayoría de los hombres, quienes embarazan mujeres sin la menor responsabilidad sobre las consecuencias, por lo que la mayoría de los niños crecen sin padres y muchos ni siquiera saben quien es su padre.

Por lo general, uno piensa que el ancla de una familia, particularmente de los hijos, es la madre – y no deja de ser una gran realidad – pero es interesante ver como la mala influencia o la ausencia de influencia paterna positiva alguna puede ser un factor muy negativo en la vida de los hijos. No es casualidad, entonces, que cada vez que visito esa hermana nación me doy cuenta del incremento constante de la criminalidad y las precauciones que los visitantes tenemos que tomar a la hora de visitar el país, en comparación con otras naciones del área.

Violencia intrafamiliar, alcoholismo, consumo y tráfico de drogas, delincuencia juvenil y todo tipo de crimen o violación de la ley son parte de la lista que emana de este desafortunado flagelo social.

En nuestro país, la historia no dista mucho de esa realidad. Con el índice más alto de la región de mujeres entre 14 y 19 años que están o han estado embarazadas (20%), donde en la mayoría de los casos esto no se vincula a la formación de un hogar con padre y madre para la nueva criatura, la situación no es promisoria. Sin mencionar la alta tasa de feminicidios que se registra en nuestro país y que parece no hallar solución más allá de un adhesivo en un vehículo o la foto de algún famoso en un anuncio que termina siendo más tendencia mediática que solución.

Aparentemente, es como si en la sociedad hubiera dos sistemas morales funcionando a la vez: uno en el que se promueve la familia (en anuncios bonitos por TV, carteles urbanos u otros tipos de publicidad) y otro donde se promueve la destrucción de la misma (una ciudad llena de pornografía y de anuncios de bebidas alcohólicas, tabaco, estimulantes y otras drogas perjudiciales) vendiendo a nuestros jóvenes – hembras y varones – que la vida es una experiencia que deben llevar al límite para experimentar sensaciones limítrofes con la vergüenza, la desdicha, el fracaso, la frustración de sueños de toda una vida y hasta la muerte. Desde luego, el presupuesto que se emplea para empujar esto úlitmo deja practicamente invisible a cualquier otro esfuezo de concienciación.

Sin embargo, la fe y la práctica religiosa han demostrado tener un impacto diametralmente opuesto a lo que antes he descrito y sobre lo cual se lamentaba el citado diplomático. Estudios sociológicos han demostrado el efecto positivo que tiene la práctica religiosa sobre los padres y como esta aumenta la capacidad que estos tienen de influir positivamente en sus hijos. Asimismo, la estructura y modelo que provee la religión a los hijos constituye un marco ideal para la formación sana a lo largo de la niñez y la adolescencia.

Habiendo celebrado recientemente el Día de los Padres, vemos como la fecha se centra en el comercio y la distribución de mensajes vacíos y aduladores “para papá” que al final no significan mucho, mientras que otras herramientas y recursos útiles son dejados de lado. Nadie le dice a papá “se fiel a tu esposa” o “no tomes alcohol frente a tus hijos”, por el contrario, veo que recomiendan a los hijos que le regalen alcohol a papá para “distinguirlo” (como si alguien se convirtiera en un señor más respetado al sostener una botella de alcohol).

Definitivamente, el mejor legado que “papá” puede darle a sus hijos es su ejemplo de vida, tanto en lo personal y familiar como en lo social. Un líder de la Iglesia dijo una vez que “lo mejor que un padre puede hacer por sus hijos es amar a su madre”.

En tanto que la sociedad promueva la paternidad responsable entre los varones desde que son niños, veremos un cambio importante en la tasa de madres que tienen que criar a sus hijos sin un padre. A los niños se les debe enseñar desde temprano sobre el valor que tiene formar un matrimonio saludable y una familia feliz junto a su esposa e hijos en el futuro. El trazar esa visión desde temprana edad, reforzándola con el ejemplo tangible de una familia propia fuerte y estable, puede constituir un escudo contra los males sociales que hoy arropan nuestro país.

En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se establece como uno de los propósitos del Sacerdocio Aarónico (nivel de autoridad ministerial que se confiere a los jovencitos a partir de los 12 años) que cada joven pueda “aprender a ser un esposo y padre digno” y “dar el debido respeto a las mujeres, las mujeres jóvenes y los niños”. Un jovencito que tenga como ideal estas nobles metas y se esfuerce por cumplirlas nunca abusará de su esposa ni de sus hijos, ni mucho menos será negligente con ellos.

Los programas de la Iglesia para la juventud, así como el conjunto de normas que los acompañan son una propuesta concreta y probada para brindar a los jóvenes una formación que les faculte para vivir responsablemente en un entorno familiar — hoy como jóvenes y mañana como padres.

Es el cometido de todo Santo de los Últimos Días ponerlos a disposición de su comunidad y presentar estos programas como una alternativa útil para todos, sean estos mormones o no. Esto constituye el mejor aporte que pueden hacer para promover una paternidad responsable desde su ubicación social.

No es de olvidar que la figura paterna es uno de los sagrados calificativos que los hombres y mujeres tenemos el privilegio de utilizar para la siempre solemne figura del Creador: Nuestro Padre Celestial.

Nota sobre la Guía de Estilo:Al publicar noticias o reportajes sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tenga a bien utilizar el nombre completo de la Iglesia la primera vez que la mencione. Para más información sobre el uso del nombre de la Iglesia, visite nuestraGuía de estilo.

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