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La Libertad Religiosa y el Secularismo en RD: Parte 1 de 3

A proposito del Mes Mundial de la Libertad Religiosa, preparamos este comentario con motivo al 7mo Congreso Mundial de Libertad Religiosa celebrado del 24 al 26 de abril en Bavaro, Republica Dominicana, bajo el auspicio de la Asociacion Internacional de Libertad Religiosa. El trabajo ha sido dividido en tres partes.

Introduccion

Desde la antigüedad, el hombre ha estado embarcado en una búsqueda constante que le empuja y que da sentido a su existencia: la búsqueda de la libertad—la facultad de pensar y vivir según su propia elección. En este proceso, se esfuerza por definir, entender, cultivar y moderar nuestras libertades. Una de las primeras y más fundamentales libertades es la libertad de conciencia o pensamiento, dentro de la cual se inscribe la libertad religiosa.

¿Qué es la libertad religiosa?

La libertad religiosa es un derecho inalienable del individuo que le permite desarrollar y conservar convicciones morales, expresarlas públicamente, defenderlas ante la sociedad y vivir según las mismas. Esto significa que la libertad religiosa trasciende la esfera del pensamiento—que es un componente esencial— y abarca la esfera de la acción concreta. Es decir, la libertad religiosa no es una mera expresión interna, privada y personal del ser humano, sino que implica la libertad de expresarse y actuar en público según sus propias creencias. Esta igual comprende el abstenerse de creer, profesar o expresar pensamiento religioso y el no practicarlo.

El pensamiento religioso determina en gran parte la forma en que el ser humano se ve a sí mismo y a su entorno, y cómo este vive en sociedad. Por su relación con la libertad de conciencia y la libertad de expresión y difusión del pensamiento—todos estos derechos humanos— la libertad religiosa revisten alto interés social para todos los sectores, ya sean estos religiosos o no.   

Libertad religiosa, sociedad y democracia

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 18, indica: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

La libertad religiosa no se limita a la coexistencia y tolerancia a pesar de las diferencias, sino que también genera obligaciones para sus beneficiarios, siendo la principal de estas el proteger el derecho de los demás grupos en la sociedad de gozar del mismo privilegio, especialmente los más vulnerables. La diversidad resultante se torna en una fortaleza y un estabilizador social.

Las naciones deben considerar provisiones que protejan las expresiones públicas motivadas por la conciencia moral o religiosa. La religión no puede ser secuestrada, sino que se debe permitir su incidencia en asuntos morales o sociales a través de los canales democráticamente establecidos. Las opiniones, tanto de origen religioso como secular, merecen ser escuchadas.

Si bien es cierto que el extremismo religioso ha desacreditado el rol importante de la religión en la sociedad, en un mundo con sociedades cada vez más pluralistas, este derecho es fundamental para garantizar la convivencia pacífica y la justicia. La libertad religiosa por lo general se traduce en paz, estabilidad y armonía, y promueve la participación.

Existe evidencia de que por lo general los individuos que practican alguna religión tienden a ser más cívicos, generosos y amables que los que no lo son, a tener un mayor compromiso social y cumplir la ley de manera voluntaria. También está demostrado que las naciones donde se goza de libertad religiosa también disfrutan de un mayor desarrollo de otras libertades en comparación con aquellos países donde el ejercicio de la religión es reprimido o limitado. Esto incluye: niveles de violencia y conflicto, prosperidad económica, salud, disminución de la brecha entre ricos y pobres y la sostenibilidad democrática. En pocas palabras, la libertad religiosa impulsa el desarrollo socioeconómico y reduce los conflictos violentos.

Sin embargo, el ejercer y honrar la libertad religiosa no significa ignorar otras libertades, socavar intereses sociales o subvertir la ley, sino que esta puede coexistir con otros intereses legítimos de la sociedad. La ley no debería proteger al extremismo religioso que afecta el bienestar de otros grupos. La libertad de conciencia ha sido siempre la base del ejercicio democrático en donde las libertades propias solo pueden estar garantizadas en la medida en que lo estén las libertades de los demás. En otras palabras, la única forma de preservar la libertad religiosa propia es concederla y garantizarla a los demás.

En toda sociedad, la libertad religiosa debe ser protegida por los principios democráticos. El gobierno juega un papel fundamental al servir de árbitro y mantener el equilibrio cuando los derechos de unos entran en conflicto con los de otros, pero para que esto sea posible es necesario que exista la adecuada separación entre el estado y la religión. Una separación apropiada entre el estado y la religión—física, social y legal— tiende a impulsar la libertad religiosa y a fortalecer a la sociedad en general. Cuando esta separación no existe, se corre el riesgo de que se den concesiones o privilegios especiales a un grupo en detrimento de otros que debería gozar de iguales derechos y libertades.

Los Santos de los Últimos Días (mormones) y la libertad religiosa

La persecución histórica de que fue objeto La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en el pasado explica porque la libertad religiosa es fundamentalmente importante para sus miembros. El fundador de la Iglesia, Jose Smith, quien fue un defensor de la libertad religiosa, una vez expresó: “Me atrevo a declarar ante los cielos que estoy tan dispuesto a morir en defensa de los derechos de un presbiteriano, un bautista, o un buen hombre de cualquier denominación, y…en contra de preceptos que pisoteen los derechos de un Santo de los Últimos Días, de la misma forma que si pisotearan los de los católicos romanos, o de cualquier otra denominación.”

La libertad religiosa está contemplada en los Artículos de Fe de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, uno de los cuales reza: “Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren como, donde o lo que deseen.” (Artículo de Fe No. 11)

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