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El lado artístico de un apóstol — La vida del presidente Boyd K. Packer

El título de la exposición de 2004 en el Museo de Historia y Arte de la Iglesia fue “Lifework of an Amateur Artist” [Obra completa de un artista aficionado].

El título de la exposición de 2004 en el Museo de Historia y Arte de la Iglesia fue “Lifework of an Amateur Artist” [Obra completa de un artista aficionado], pero quienes recorrieron la exhibición, que mostraba esculturas cuidadosamente talladas de pájaros y flores, vieron mucho más. Las tallas en madera y pinturas realistas mostraban a un hombre, el presidente Boyd K. Packer, con un profundo respeto por la naturaleza y una comprensión de las creaciones de Dios.

A menudo se dice que el arte es la ventana al alma y así lo muestra el lado artístico del presidente Boyd K. Packer, quien fue apóstol y líder de mayor antigüedad de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Una vez dijo que el proceso creativo le permitió no solamente rendir tributo a la belleza de la naturaleza, sino también “buscar inspiración para los sermones” y soluciones a los problemas. El presidente Packer obtuvo inspiración espiritual de forma figurada y en un sentido muy literal del mundo que le rodeaba.

Su amigo Theodore Tuttle dijo: “No llegabas realmente a conocerlo hasta que caminabas con él en un bosque”.

El presidente Packer nació el 10 de septiembre de 1924, en Brigham City, Utah; es el décimo de once hijos. Su madre danesa nutrió tempranamente su amor por el arte; ella utilizaba papel periódico para cubrir el piso y le animaba a dibujar. Esta distracción en su niñez pronto se hizo fundamental cuando contrajo poliomielitis a los cinco años y tuvo que permanecer en cama por semanas. Durante su recuperación, el arte se convirtió en un medio para expresarse.

El presidente Packer dijo que a través de esa experiencia aprendió lo que era importante en la vida. “A veces, en mis años de crecimiento pensaba que éramos pobres”, escribió en una historia breve de su vida. “Luego aprendí que no era cierto. Simplemente no teníamos nada de dinero. Siempre fuimos ricos en las cosas más significativas de nuestra vida”.

En su juventud, el presidente Packer sirvió como piloto bombardero de EE. UU. en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras estaba en el servicio militar, dedicó su tiempo a estudiar las Escrituras, especialmente el Libro de Mormón, el cual los miembros de la Iglesia creen que es un registro sagrado que da un segundo testimonio, junto con la Biblia, de Jesucristo. El presidente Packer compartió lo que aprendió con los demás, lo que resultó en el bautismo de un compañero militar y su esposa. El compañero militar, Tatsui Sato, luego ayudó a traducir el Libro de Mormón en japonés.

“Pienso que probablemente su interés en la enseñanza vino de su experiencia en el servicio miliar”, dijo su hijo, el élder Allan Packer, de los Setenta.

Al concluir la guerra, el presidente Packer volvió a su hogar en Brigham City, donde a Donna Smith le llamó la atención un joven soldado que daba un discurso en su congregación. “No puedo decir que sabía que era la persona con la que me casaría”, dijo Donna. “Pero sabía que era el tipo de persona con la que quería casarme”. Y se casaron el 28 de julio de 1947.

Su pequeña granja al sur de Salt Lake City era como un zoológico con caballos, vacas, pollos, patos, aves y perros, y llegó a ser el parque infantil perfecto para sus diez hijos; siete hombres y tres mujeres.

“Pienso que de alguna manera es más fácil criar a una familia grande. Depende de lo que se quiera lograr”, dijo el presidente Packer. “Hemos aprendido que los beneficios materiales adicionales por hijo se compensan cuando ellos aprenden a ahorrar, a hacer que los recursos limitados sean suficientes, a hacer y a construir algo”.

“Yo era la maestra de hacer las listas de cosas que tenían que hacerse”, recuerda Donna. “Todos aprendidos a trabajar juntos para lograr cosas”.

“Decidimos ciertas reglas en nuestro hogar”, ella explicó, “pero también enseñamos a los hijos que el Padre Celestial tenía reglas que debíamos vivir para ser felices y regresar de nuevo a vivir con Él”.

El élder Allan Packer relató que el presidente Packer dio instrucciones a su secretaria de que siempre le pasara las llamadas telefónicas de su familia cuando llamaran a su oficina, incluso si él estaba en una reunión importante. “Y eso fue lo que experimentamos si teníamos incluso que decir solamente hola”, dijo el élder Allan Packer.

Su vida juntos siempre estuvo entrelazada al ingenioso sentido del humor del presidente Packer. Donna recordó que hace varios años, cuando él regresó de una asignación en Idaho, informó: “Mientras estaba en Idaho, encontré una cuerda”. “Qué bueno”, dijo ella, un poco confundida. Luego él añadió: “Había un caballo atado al otro extremo de la cuerda”. Ello condujo a la construcción de un corral y a mucho deleite para los niños.

“Mi hogar es el centro del Evangelio y de mi vida”, dijo el presidente Packer. “De todos los lugares en el mundo —y he estado en algunos atractivos e interesantes— prefiero estar en casa antes que en cualquier otro”.

El élder Allan Packer dijo que sus padres estaban unidos en aspectos espirituales y en el hogar: “Si ven a mi papá, ven a mi mamá. Si ven a mi mamá, ven a mi papá. Están juntos; están unidos. Influían el uno al otro, especialmente, por supuesto, en el hogar”.

Ese sentimiento ha servido bien al presidente Packer y a su esposa a través de los años, ya que sus descendientes vivos ahora ascienden a más de cien.

A pesar de los desafíos obvios de manejar una familia grande, el presidente Packer continuó incesantemente su formación académica. Obtuvo un título universitario de dos años de Weber Junior College en 1948 y una licenciatura de la Universidad Utah State, en Logan, en 1949. Luego obtuvo una maestría de la Universidad Utah State en 1953 y un doctorado en Educación de la Universidad Brigham Young en 1962.

Su pasión por la enseñanza dio lugar a una posición en el Sistema Educativo de la Iglesia. Luego fue nombrado administrador auxiliar de seminarios e institutos, con responsabilidad por los cursos de estudio para la instrucción religiosa de los jóvenes en la escuela secundaria y en los colegios universitarios.

Theodore Tuttle describió una vez la habilidad del presidente Packer para enseñar de esta manera: “Tiene la capacidad de traducir un concepto verbal vago en una actividad comprensible de la vida cotidiana… Pronto descubrirán que lo que se explicó tan clara y obviamente no era claro ni obvio antes de que él lo explicara”. 

“Trabajó arduamente desde el momento en que comenzó como docente para saber cómo enseñar”, dijo el élder Allan Packer, “primero mediante el aprendizaje y la comprensión de cómo el Salvador enseñó. Sabía que era importante así que no lo evitó. Sintió la responsabilidad de enseñar”. 

Al ser ordenado apóstol el 9 de abril de 1970, el presidente Packer transfirió su interés sobre la educación por estudiantes en particular al interés de la educación y el bienestar de millones de miembros de la Iglesia. El élder D. Todd Christofferson, líder de la Iglesia, dijo que el presidente Packer fue “un hombre instruido, probado y experimentado en la obra del Señor Jesucristo, de quien es Su discípulo y testigo. Él se esforzó mucho en el espíritu. Esperó en el Señor”.

Como el miembro que sirvió por más tiempo en el actual Quórum de los Doce, el presidente Packer fue conocido por su “profunda comprensión” de las Escrituras, como lo expresa su compañero apóstol, el élder Russell M. Nelson.

Tal comprensión quizás provenía de las mismas habilidades que utilizó para crear sus obras de arte: atención al detalle, reverencia por la naturaleza y la manera de Dios. Una vez dijo: “Me parece que hay un gran poder en la Iglesia —en todos nosotros— que no se ha utilizado porque siempre estamos tratando de hacer las cosas a nuestra manera, cuando a la manera del Señor podríamos lograr resultados mucho más grandes”.

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