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Reconozcamos a la mujer en marzo y siempre

Por más de un siglo, el mes de marzo se ha caracterizado por ser objeto de una celebración mundial que procura la reivindicación de un elemento vital en la construcción de una sociedad viable, la mujer.

Las mujeres fungen en el mundo como un elemento social que interviene en la creación de la vida, la educación de los hijos, la dirección del órgano familiar, la formación académica, las actividades de  producción, entre muchos otros ámbitos del desarrollo humano como la educación, la ciencia, la investigación, las artes, la cultura, la política, la empresa, los deportes, etc.

En el ámbito de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la mujer juega un rol fundamental en el logro de los propósitos eternos que abrazan los Santos de los Últimos Días como parte de sus creencias básicas y sus prácticas de fe.

El enfoque tradicional adjudicado a las organizaciones religiosas en cuanto al rol de la mujer de que la misma no tiene un rol clave dentro de dichas organizaciones, no tiene acceso a oportunidades de desarrollo de liderazgo y que su participación es meramente de carácter secundario y común, no se aplica a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Dese los inicios mismos de la Iglesia, las mujeres ocupan posiciones clave dentro del establecimiento de la organización, han sido motivadas al aprendizaje y desarrollo personal y han sido reconocidas por su destacada labor en diversos ámbitos de la vida eclesial y secular de los mormones. Por ejemplo, el estado de Utah en Estados Unidos, sede mundial de la Iglesia, a pesar de que todavía no contaba con el reconocimiento de estado sino que era simplemente un territorio de los Estados Unidos, fue uno de los primeros territorios de ese país en que las mujeres locales ejercieron el derecho al sufragio. Desde entonces, la participación destacada de la mujer en diversos campos de la vida pública y privada ha sido simplemente extraordinaria. El estado de Utah fue originalmente fundado por pioneros mormones y en la actualidad alrededor del 60% de la población practica la fe mormona.

Las mujeres en la Iglesia tienen la oportunidad de desarrollar liderazgo desde niveles locales hasta niveles mundiales. En efecto, la organización de mujeres más grande del mundo, denominada la Sociedad de Socorro, es el órgano que agrupa a las mujeres mayores de 18 años de edad que pertenecen a la Iglesia. A través de esta organización, las mujeres tienen la oportunidad de fortalecerse mutuamente y capacitarse un amplio rango de disciplinas que incluyen: bienestar espiritual y material, economía del hogar, relaciones matrimoniales, educación secular, empleo y autoempleo, salud, servicio humanitario y caritativo, proyectos de desarrollo comunitario, alfabetización, habilidades manuales, entre muchas otras habilidades prácticas que sirven para su desarrollo, no solo como mujer, sino como ser humano y como un ente que goza de participación plena e inclusión dentro del ámbito del liderazgo en la Iglesia.

Las oficinas administrativas de la Iglesia emplean a miles de mujeres Santos de los Últimos Días de todo el mundo en una amplia gama de áreas profesionales. A través de los centros de recursos de empleo y otros programas de formación académica y mejoramiento de las habilidades para el trabajo tradicional y el autoempleo, las mujeres dominicanas, ya sean miembros de la iglesia o no, tienen acceso a oportunidades de desarrollo y autosuficiencia. Estos servicios y recursos están disponibles para hombres y mujeres por igual.

En la República Dominicana, existe una gran cantidad de mujeres destacadas en la vida pública y en las actividades profesionales privadas, entre las que encontramos destacadas abogadas y juezas, investigadoras científicas, conferencistas internacionales en áreas de la salud, altas directivas en empresas nacionales de productos de consumo, políticas y funcionarias públicas, alcaldesas, entre muchas otras.

Sin embargo, el rol más exaltado y honorable que toda mujer Santo de los Últimos Días puede ejercer en su vida es el de ser esposa, madre, colíder y educadora de su propia familia, en una relación de cooperación y apoyo mutuo con sus respectivos cónyuges como socios en la dirección de la más importante empresa: la crianza y formación de una familia eterna. Así mismo, los líderes de la Iglesia reconocen la encomiable labor, los sacrificios y el esfuerzo que realiza una gran cantidad de mujeres mormonas que por diversas razones crían sus hijos como madres solteras. A ellas, también se les reconoce y aprecia por la labor que realizan como madres, guías, formadoras y proveedores del pan de sus hijos.

Cada mujer tiene un origen divino como hija especial de su Padre Celestial que le ama y que está pendiente de sus preocupaciones, desafíos y logros. En el camino de la superación personal, es posible que la sociedad envíe mensaje engañosos tendentes a confundir el papel y el rol esencial de la mujer en la sociedad, su contribución vital en el seno familiar y su sagrada relación con su contraparte idónea, a saber: el hombre. La labor de la Iglesia incluye enseñar sobre este rol y la naturaleza de estas relaciones que cuando son tergiversadas tienen un impacto sumamente negativo en el aparato social, más cuando son comprendidas y valoradas en su justa dimensión redundan en beneficios de valor incalculable para todos.

Extiéndase, pues, una felicitación cordial a todas las mujeres dominicanas en este mes especial, esperando que continúen extendiendo sus alas y volar libremente por el espacio aéreo del progreso, la educación, el trabajo, el matrimonio, la familia y la construcción de una sociedad cada vez más consciente de su valor individual y su incidencia en la edificación de un mejor país.

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